La independencia judicial la excepción, su dependencia la regla
13 Enero, 2008 | por Luis Bertelli |La Inquisición creó un clima tal de terror que ha llegado hasta nuestros días -estate quieto, no hagas nada que va a ser peor, lo mejor es que lo dejes…-, con el innegable beneficio que ello supone para los poderosos, que siguen atentando contra todo y contra todos sin que nadie ose hacerles frente. Así mismo el proceso inquisitivo introdujo unas prácticas que aún persisten a pesar de ser contrarias a los derechos humanos -arresto del denunciado, confesión bajo tortura (hoy más refinada), prolongado secreto de las actuaciones o el sambenito, para que la falta, cometida o no, te marque de por vida-, defendiendo también a ultranza el Tribunal de la Inquisición el buen nombre de sus jueces e impidiendo que prosperasen las denuncias que contra los mismos se interponían, de forma idéntica a lo que actualmente acontece.
La gravedad que reviste tal situación se ve notablemente ampliada al pervivir todavía entre nosotros las diferencias sociales. Por arriba, la nobleza y el régimen señorial, con sus inmunidades, privilegios, fueros, encomendaciones, cartas de linaje, concesiones feudales, patronazgos, vasallajes…Y por abajo los esclavos, siervos, villanos, plebeyos, súbditos o ciudadanos -polémicos si protestamos-,cargados de obligaciones pero sin ningún derecho y desahuciados de la justicia, en resumen, los grandes perdedores de la dictadura y de la democracia.
Permitir que todo siga igual perpetua el cinismo de los intocables -el Consejo General del Poder Judicial instándonos a usar el sistema en nuestras discrepancias o el Tribunal Supremo aseverando que no se persigue a quienes fundadamente denuncian a los jueces-,así como las recomendaciones, intrigas de pasillo y lo que haga falta para continuar ganando sus juicios. Por eso cuando ocasionalmente irrumpe en escena un Tribunal imparcial y priva de la razón a influyentes que no la tienen pero que estaban seguros de que la Sentencia se la iba a dar, se produce una gran perturbación porque deja al descubierto la podredumbre de las Instituciones al mostrar que son los Jueces, Fiscales o representantes de Colegios de Abogados los infractores de la legalidad, aunque origina también una esperanzadora ráfaga de aire fresco que limpia parte de la contaminación que injustamente soportamos.
El camino a recorrer es aún largo y no exento de riesgos -no van obviamente los grandes a renunciar fácilmente a sus privilegios-, pero aunque la independencia judicial sea todavía la excepción y su dependencia la regla, esa Sentencia de unos jueces que ni siquiera conocen al minúsculo litigante que se enfrentó al Leviatán, poniendo las cosas en su sitio pese a los problemas que van a tener con compañeros y poderosos, que habrán de rendir ahora cuentas de su arbitrario proceder, invita a seguir reivindicando la Justicia que merecemos tener en un Estado de Derecho.
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